Menorca, cuando sopla la tramuntana

“…conozco la tramuntana. (…) Estas ventoleras deprimen, adormecen, encogen el cuerpo humano, producen protestas perfectamente inteligibles. La tramuntana es un mal negocio, porque es destructiva: es una fuerza cósmica superior a cualquier forma humana, una forma gratuita y negativa” – escribía Josep Pla. Y yo, querida Menorca, quiero conocer, quiero sentir tu tramuntana.

Quiero conocer Menorca cuando sopla la tramuntana, para poder entender las palabras de Josep Pla, que igual que odiar este viento, también parecía amarlo: “Me parece haber comprendido la razón de la oscura, ancestral, admiración que la gente de mi país siente por este viento. Esta admiración persiste porque el clima del aire de tramuntana es literalmente un clima ideal –un clima tónico, vital, amable, prodigiosamente higiénico y purificado”. Y Menorca tiene ese clima.

La tramuntana es un viento frío, que viene del norte y que las Islas Baleares conocen bien. Cuando sopla la tramuntana, Mallorca se esconde. Mallorca le tiene miedo y se protege de él detrás de las montañas, pero Menorca no. Menorca es mucho más valiente. Menorca no teme al viento, y le planta cara. La llamada ‘Isla de los vientos‘, no iba a encogerse ante un viento, por muy fuerte y frío que este venga.

Decir ‘Cuando sopla la tramuntana‘ en Menorca debe ser el equivalente al ‘Winter is coming‘ de Ned Stark. Porque cuando se siente la tramuntana, se siente también que el invierno está llegando. Pero el invierno no es malo, y saca lo mejor de esta isla.

Cuando sopla la tramuntana, el cielo se viste de gala y su azul se vuelve mucho más intenso. La naturaleza está desatada y el mar, furioso, golpea la costa. Y entre roca y agua, se yergue poderosa una construcción humana: el faro de Favàritx. Rodeado de pequeños acantilados de pizarra negra, para hacer su figura más imponente, el faro resiste el temporal. La tramuntana suele traer trabajo, y el faro cumple alertando a las embarcaciones que no deben acercarse, que es peligroso. ¡Cuántas vidas habrá salvado ese faro!

Pues bien, cuando sople la tramuntana, yo quiero visitar el faro. Y después quiero conocer Mahón, porque no sé si sabrás, querido lector que, cuando sopla la tramuntanta, la comida sabe mejor. Quiero que a mí, después de la excursión al faro, la tramuntana me encuentre con queso de Mahón, preparando el estómago para una caldereta de langosta, un oliaigua o un guiso de perdiz con col. Después de esto, puedo ser igual de valiente que Menorca. Con el estomago lleno, ¡quién va a temer la tramuntana! Es más, le cantaré, le agradeceré su llegada, porque me dará una excusa perfecta para poder conocer la gastronomía menorquina en profundidad.

Pero este viento, caprichoso como todos los vientos, viene y va. Dicen que en el tiempo de la tramuntana, cuando acecha pero no sopla, es mucho más fácil conocer Menorca. Recorrer etapas del Camí de Cavall sin madrugar, sin temor al sol abrasador del mediodía de verano que te obliga a permanecer a remojo y/o abrazado a una jarra helada de cerveza. Sin temer tampoco, a la saturación de los lugares para dormir.

En tiempo de tramuntana, querida Menorca, quiero conocer tu historia, desde la más antigua y prehistórica, hasta la más reciente. Quiero conocer el legado que tantos pueblos han dejado en ti. Ver el paso de la historia en las diferentes construcciones que hay en ti. Llévame a la prehistoria a través de la Naveta des Tudons, de la Necrópolis de Calescoves o del poblado talayótico de Trepucó. Muéstrame cómo te defendías de quienes querían conquistarte, con construcciones como castillo de San Antonio de Fornells, la Fortaleza de la Mola en Mahón o las 14 torres de vigilancia que recorren tu costa. Cuéntame todo lo que puedas contar, lo necesario para que visitarte una vez no ser suficiente.

 ¡Nos veremos cuando sople la tramuntana! ¡Y seguramente, volveré con el xaloc! 😉   #BetterInWinter

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *