Quissico (Día 6)

Habrías alargado tu estancia en Vilankulos dos o tres días más, pero eso implicaría renunciar a visitar el Parque Kruger y ya que estás ahí, quieres verlo todo. El despertador suena a las 7:00, te levantas y aún con sueño, te diriges cual zombi hacia la playa. Quieres saborear los últimos instantes en Vilankulos, donde no sabes si volverás alguna vez. Y los saboreas a solas. Continue reading “Quissico (Día 6)”

Empieza la aventura: Maputo – Inhambane – Tofo (Día 2)

19104646180_4f43df07cd_z Como en Mozambique las distancias son largas y para llegar a Inhambane tardábamos unas 7 horas en coche desde Maputo, teníamos la intención de coger pronto la carretera…

En invierno, la vida en la ciudad comienza muy pronto, ya que amanece en torno a las 6:30 y se hace de noche sobre las 17:30. Nosotros, no sin gran esfuerzo, conseguimos ponernos en marcha a las 8:30, después de un gran desayuno bajo la acacia. Todo un lujo empezar así el día.

Salir de Maputo lleva su tiempo y, a medida que vas acercándote a las afueras ves cómo el paisaje comienza a ser más y más descuidado. Más caos, más desorden, más barriadas… Por otro lado, moverse por Mozambique es bastante fácil. Una sóla carretera ‘nacional’, la EN-1, transcurre casi paralela a la costa por el sur. Es la única carretera en condiciones, así que mientras tus destinos se encuentren cerca de ella no hay lugar a pérdida. En contra de lo que nos imaginábamos (primerizos en África), el estado de la carretera es bastante bueno, aunque una vez la abandonas puedes encontrarte de todo: carreteras en peor estado, o directamente caminos de tierra y arena.

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Imagen de lo que nos esperaba este día

Dicen que uno de los mayores problemas que tiene el país es la policía, que es muy corrupta y a la mínima oportunidad te para e intenta sacarte un soborno (más adelante aprendería que allí, la propia policía se refiere a él como un refresco, cosa que hay que saber no sea que te pidan un refresco y vayas a ofrecerles coca-cola). Nosotros, aunque en el viaje vimos muchos controles, únicamente nos paró uno una noche para intentar colarnos que íbamos a 106 km/h en un lugar de 60 km/h, a lo que nuestra conductora respondió que era imposible y que enseñaran la foto (que no tenían), con lo que no insisitieron más y nos dejaron pasar. (Esto lo escribía a día 4 de viaje, todavía nos esperaba una sorpresa más con la policía, aunque la Sara de ese día no lo sabía)

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¿Veis la casa pintada de rojo? Había miles así, mientras el resto estaban ya sin pintura. ¿Os imagináis por qué las rojas eran las únicas recién pintadas?

Por otro lado, una de las cosas que me gustó es el código de hermandad que había en la carretera, y es que entre los coches se van haciendo señas para avisar de la policía. Así si un coche que nos venía de cara, hacía parpadear las luces del coche sin ninguna razón aparente, normalmente significaba que la policía andaba cerca y que fueses con cuidado. ¿Y por qué la policía es tan corrupta? He aquí la gran pregunta…. Se ve que la historia está en que cobran muy poco, así que aprovechan al máximo los sobornos para poder completar su sueldo y ganar más a final de mes.

Pero bueno, volvamos al viaje. Durante el camino hicimos solo dos paradas. Una para probar las ‘chamusas‘, unos triángulos fritos que suelen estar rellenos de carne, pollo (frango) o verduras (¡Qué buenos estaban, se me hace la boca agua de recordarlos!), y la segunda en la carretera para comprar ‘castanhas’ (lo que vienen siendo anacardos, de toda la vida). Esta compra la hicimos parando en mitad de la carretera ante un hombre que había hecho de un árbol su mejor escaparate.

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Niños caminando por el arcén de la principal carretera del país.

Otra de las cosas que llama la atención al desplazarte por la carretera, es toda la vida que hay alrededor de ella. Durante todo el camino y fuera la hora que fuera, no dejamos de ver vendedores en el arcén y gente andando, muchísima gente. Cuando pasabas cerca de un colegio, por ejemplo, durante los siguientes km era imposible no ver niños con sus mochilas (algunas más grandes que ellos) y sus uniformes.

Otra cosa que me llamó la atención fueron los pequeños pueblos que te encontrabas divididos por la carretera. O igual no estaban divididos, sino que habían crecido así porque igual que algunos pueblos viven en torno al mar, estos vivían de la carretera.  La vida en ellos parecía girar completamente en torno a los coches y chapas que se decidían a hacer una parada allí.  En el momento el coche se paraba, todo el pueblo se activaba y la gente salía de su quietud y corría a venderte lo que fuera: allí estaba la vendedora de maracuyá con el cubo sostenido con la cabeza, ahora llegaba el niño que se escurría hasta plantarse el primero de todos vendiendo pan, ‘¡Amigo, amigo!’ decían y así transcurría la vida, hasta que la gente de paso seguía su camino y el pueblo volvía a su quietud habitual, a la espera del siguiente coche.

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Pueblos de la carretera

Y fue de esta manera, tras muchas horas, mucho coche y muchas palmeras, que llegamos por fin a Inhambane. Vivir en una ciudad con mar como Valencia hace que valores mucho este elemento allá donde vayas. Inhambane tenía mar. Era una ciudad tranquila, pequeña y ordenada (al menos más que Maputo) de carácter colonial que no tuvimos mucho tiempo de visitar porque eran las 16:00, no habíamos comido, iba a hacerse de noche y nuestro destino final era llegar a Tofo, para el que aún faltaban 20 -30 minutos. Así que tras recoger mosquiteras y mantas para el lugar donde íbamos a quedaros a dormir, nos fuimos a Tofo y de paso comimos-merendamos.

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Destino final: Tofo y cerveza 2-M

Llegamos por fin a Tofo con las últimas luces del día. Si decía que Inhambane tiene el mar, Tofo tiene la playa. PLAYA, con mayúsculas (aunque todavía tendría que ver la de Bazaruto para darme cuenta que las mayúsculas no tocaban en este post). De todas formas esta entrada empieza a ser un poco larga así que mejor si la playa de Tofo la dejo para el próximo día. Hoy me quedo recordando los ‘camaraos’  (gambas) a la piedra y las pizzas. ¡Ah! Y la siesta bajo las estrellas.

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Tofo, ¡por fin!
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¿He dicho que Tofo tiene playa? 😉
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Playa de Tofo
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Y más playa
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Camaraos a la piedra.
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Sí, los puntos que se ven no son de tu pantalla.. ¡son estrellas! Ahora solo he de aprender a hacerles fotos =)

¡Hasta la próxima! =)

¡Ah! Y si te has quedado con las ganas de saber por qué son rojas las casas recién pintadas de Mozambique, sigue leyendo por aquí.

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