Mujeres viajeras de la historia

Es imposible que lo hagas. En primer lugar, eres una mujer y necesitarías guardaespaldas, y aún si fueras sola, tendrías que llevar tanto equipaje que te sería imposible hacer movimientos rápidos. Además, no hablas más que inglés, así que no tiene sentido discutir esto. Solo un hombre podría hacerlo“.

Esto es lo que tuvo que escuchar Nellie Bly, periodista, cuando se le ocurrió proponer a su jefe que la enviara a dar la vuelta al mundo para superar la hazaña de Phileas Fogg, el personaje de Julio Verne. Sin embargo, ella siguió adelante, cambió de periódico y, ligera de equipaje (lo que hoy en día la llamaríamos minimalista), consiguió dar la vuelta al mundo en 72 días, y en el transcurso saludar a Julio Verne. Esto ocurría en 1888.

Una década más tarde, en 1897, Isabelle Eberhardt decidía recorrer el norte de África vestida de hombre. Isabelle sabía que todo era mucho más fácil en la sociedad siendo hombre, así que se sumergió en la cultura árabe bajo el nombre de Si Mahmoud Essadi. De esta forma pudo cumplir su sueño de viajar por el desierto.

Casi al mismo tiempo que Isabell Eberhardt recorría el norte de África, Annie Londonderry realizaba otra hazaña complicada en un mundo dominado por hombres: dar la vuelta al mundo en bicicleta. En 1895 el New York World narraba sus aventuras como ‘el viaje más extraordinario emprendido por una mujer‘. Lo que comenzó como una apuesta, era más bien un examen a las habilidades de una mujer para valerse por sí misma. Annie Londonderry lo superó con creces, no solo dio la vuelta al mundo en 15 meses, sino que también consiguió financiarse en su recorrido. Decidió prestar su ropa y su bicicleta como espacio publicitario, así si alguien quería promocionar su empresa no tenía más que pagarle y ella pedalearía con el nombre de la empresa. ¡Brillante!

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Aunque no menos brillante es la historia de Amelia Earhart, la primera mujer piloto de la historia que consiguió cruzar el Océano Atlántico en un avión. Sabía que quería volar y, aunque le costó años dar con el dinero y el lugar donde aprender a hacerlo, por fin lo consiguió.

Pero aún hay más supermujeres, ¿sabías que a principios del s. XIX hubo una mujer que consiguió cruzar el Tíbet cuando su entrada estaba prohibida a los extranjeros? Ese fue el caso de Alexandra David-Néel. Vivió 101 años y, además de renovarse el pasaporte a los 100 años ‘por si acaso’, recorrió gran parte de Asia entre 1911 y 1925 y otra vez, entre 1937 y 1946.

Todas estas mujeres consiguieron sus hazañas en una época en la que realizarlas no estaba al alcance de todo el mundo, y mucho menos de una mujer. Seguramente estarás pensando que ya ha pasado mucho tiempo de eso, que hoy en día la mujer lo tiene mucho más fácil para viajar, para perseguir sus sueños. Y es verdad que hemos avanzado bastante desde esa época. Sin embargo, aún quedan mucho trabajo por hacer. Viajar sola como mujer sigue siendo muy distinto a hacerlo como hombre y esto es algo que no sorprende a nadie. La sociedad no te juzga igual, cuando sí que debería ser igual.

No hay que irse muy lejos en el tiempo para encontrar muestras de machismo también en los viajes. Hace apenas 1 año dos jóvenes viajeras argentinas eran asesinadas en Ecuador. Los grandes medios de comunicación a la hora de comentar la noticia, se olvidaron de comentar el hecho en sí, casi responsabilizando a las jóvenes de su suerte. ¿Qué hacían dos chicas viajando solas? ¿Cómo iban vestidas? Como si eso justificara nada. Queda mucho por hacer en el mundo, y hoy, 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, es un día perfecto (como cualquier otro) para recordarlo.

¡Feliz día de la mujer trabajadora a todas esas viajeras que recorren el mundo a su aire!

 

4 thoughts on “Mujeres viajeras de la historia

  1. Que interesante saber de todas estas mujeres viajeras. Si ellas pudieron, nosotras evidentemente también. Eso sí, sin olvidar que hay un camino en el día a día. Como bien dices tú, ni mucho menos hemos llegado a que sea igual para hombres que para mujeres. Aunque avancemos un poquito cada día, todavía hay mucho que recorrer. Como se oía hace unos años en las plazas: Vamos despacio porque vamos lejos 🙂

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