Los reyes magos no llegan a tiempo

5 de enero de 2017, tenía ganas de conocerte. Las calles están cortadas, las carrozas decoradas, todo listo para la venida de los Reyes Magos. Los abuelos ocupan su lugar protegiendo a sus nietos, evitando que en su pasión por los caramelos se olviden de que delante de ellos está pasando un coche. También están preparados para echarles una mano si su nieto es un poco torpe, un poco tímido o simplemente ha tenido la mala suerte de ponerse al lado de uno mucho más alto que le roba todos los regalos.

En la calle, se respira el nerviosismo de la gente que susurra ‘pórtate bien, que ya vienen…‘. Hace frío y empieza a oscurecer, pero esa no es excusa para quedarse en casa, hay que conseguir que Melchor te mire, que Baltasar se quede con tu cara porque has sido un niño bueno y te mereces todo lo que has pedido. Estás preparado para soportar empujones y pisotones, simplemente por conseguir esa pelota verde de plástico que tiene tu nombre y va a caerte en las manos. Pero algo raro pasa que no salen.

A estas alturas ya deberían verse las primeras carrozas, ya deberían estar los pajes anunciando la llegada de sus majestades. ¿Por qué no están?

Media hora de retraso. Una hora. Dos horas. La gente ya cansada empieza a irse a su casa, triste y decepcionada porque los reyes no hayan decidido visitar su ciudad un año más.

¿Qué les ha podido pasar?

Por primera vez en años, los Reyes Magos no han sido capaces de alcanzar su destino. Y no será porque no lo hayan intentado con todas sus fuerzas. Cargados de regalos pusieron rumbo a España como cada año, sin saber muy bien que 2016 no había sido un año más. Cierto es que cada año les era más complicado cruzar la frontera, pero su calidad de Reyes Magos conseguía salvarles siempre. Desgraciadamente, este año la palabra árabe en su pasaporte pesaba más que su título de Reyes Magos.

Siempre habían viajado juntos, y primero lo intentaron por Turquía. Querían empezar a dejar regalos por Europa del Este así que ¿por qué no llegar a Europa a través de Grecia?. No tuvieron suerte. Melchor insistió en que ese era el camino, que solo era cuestión de tiempo que los dejaran entrar, pero Gaspar y Baltasar no lo tenían tan claro. Así que tras muchos días y mucho estrés por la faena que tenían por hacer, decidieron separarse, se encontrarían otra vez en Europa.

Esta vez decidieron dirigirse hacia el nore de África, quién sabe si alguno de esos cruceros que de tanto en tanto hacía parada en Túnez o Egipto podría echarles una mano. Pero ni con esas, no podían entender qué pasaba este año con su pasaporte. Gaspar, cansado ya de caminar sin conseguir nada, decidió un día intentarlo en una barca diferente. Había oído acerca de unas personas que, por un precio algo exagerado a su parecer, podían conseguirte hueco en una embarcación así que no se lo pensó más, cargó al camello de Baltasar con sus regalos y decidió unirse a la embarcación. Seguramente desde Italia conseguiría ponerse en contacto con Melchor y empezar con el reparto.

Baltasar, que se había quedado solo, decidió acercarse un poco más a España. Tenía niños en su lista de Ceuta y Melilla, así que intentaría cruzar por allí y llegar a tiempo a repartir los regalos aunque fuera a los niños españoles, que siempre son más fans de los Reyes Magos que los del resto de Europa.

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Hoy 5 de enero Melchor palidece en un campo de refugiados en Grecia, con la espera de que le dejen cruzar la frontera. Todos los días son iguales allí, pero no pierde la esperanza. Gaspar consiguió cruzar el Mediterráneo, bueno más bien fue rescatado mientras su patera naufragaba, y ahora se encuentra en un CIE intentando explicar quién es y que tiene una tarea muy importante que cumplir. Desgraciadamente todas sus pertenencias se quedaron en la orilla, con Baltasar, porque no había que llevar peso. Baltasar, se encontró con una valla que no había visto antes. Tuvo que dejar el cargamento para poder saltarla y, cuando lo hizo, unos hombres de verde le cogieron y le devolvieron inmediatamente al otro lado. Sigue intentándolo, algún día conseguirá pasar. De algo están seguros los tres y es que, cuando las autoridades se den cuenta de su error se morirán de vergüenza, solo esperan que no sea demasiado tarde.

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