Llegamos al aeropuerto de Mandalay a las 12.30 de la mañana y desde el primer momento, supimos que Myanmar iba a ser muy diferente de Tailandia. En la espera para conseguir el visado, empezamos a ver hombres vestidos con una especia de falda, longi que lo llaman ellos, escupiendo saliva roja a modo de sangre en las papeleras del aeropuerto. Sabíamos que no era sangre, sino betel, una especie de tabaco de mascar que les deja los dientes rojos y les hace escupir continuamente mientras lo mastican, ya que lo que sale de ello no hay que tragarlo.
Pasamos el control sin mayor problema y, mientras esperábamos que salieran las mochilas, la luz del aeropuerto se fue 3 veces, como si no estuvieran preparados para soportar la demanda de energía de la cinta del equipaje. No, desde luego que Myanmar, nuestro segundo país del Sudeste Asiático, no nos iba a dejar indiferentes. Así, con esta entrada, pusimos rumbo a nuestro primer destino en Myanmar: Mandalay










